Archivos para octubre, 2010

31/10/2010

Del sobreprecio al desprecio: Breve reflexión sobre el corto colombiano

En la industria del cine quien hace un corto no está pensando en corto.  Los cortometrajistas pueden hacer grandes películas de poca duración, con guiones muy elaborados, actuaciones memorables y, en ocasiones, presupuestos que pueden superar el de un largometraje.  La prueba está en que, aun hoy, grandes directores como Scorsese, Wenders, Gondry y Jonze, entre otros, hacen cortometrajes de gran factura y calidad, prácticamente por diversión o con una finalidad expresiva.  
Muchas veces se ha asumido  que quien hace un cortometraje sólo está esperando poder algún día realizar su largo, pero muchas veces la carrera de un cortometrajista es tan sólida que no es necesario dar este salto.   Es cierto, de todas formas, que por su corta duración el cortometraje se presta para que muchos puedan hacerlo y esta condición hace que los cortos tengan una escala de calidad tan variable que veamos algunas historias memorables y otras francamente impresentables . 
En Colombia la situación de quienes hacen cortometrajes ha sido muy compleja y llena de obstáculos.  Yo mismo tuve la bonita oportunidad de ser realizador de cortometrajes hace ya más de diez años y viví lo que es pasar cinco o seis días con el mismo equipo de grabación, intentando ensanchar un pírrico presupuesto y comiendo arroz chino todos los días.  A la satisfacción de ver el producto terminado se sumaba casi inmediatamente la frustración de tener que rogar por encontrar un lugar digno donde presentarlo (sin hablar de la imposibilidad de recuperación económica).  
Hay que resaltar, no obstante, que en estos años la situación ha mejorado y por lo menos ya hay más espacios en donde un realizador puede mostrar sus obras.  Adicionalmente, la llegada del Internet posibilitó lo que antes era casi imposible: Mostrar un cortometraje en varios países al mismo tiempo y recibir retroalimentación del público de cada lugar.
En los años setenta, el cortometraje fue “Promovido” por el Decreto 879 de 1971 que destinaba un “sobreprecio” de cada boleto de cine para apoyar la producción cinematográfica del país, privilegiando la producción de cortometrajes y exigiendo a los exhibidores su presentación al inicio de cada función.  Como suele suceder con muchas leyes bienintencionadas, los productores (muchos de los cuáles nunca habían hecho cine) se dedicaron a inflar los presupuestos, aprovechar la falta de control estatal para hacer películas sin mucha calidad y, en los casos más extremos, robarse abiertamente el dinero.  En el caso de los exhibidores, muchos no quisieron perder el dinerito extra (1$ por cada boleta) y se dedicaron a producir ellos mismos los cortos sin otra intención que aumentar la rentabilidad de su negocio.
En 2003 surgió la ley 814 o ley de cine que, como se ha comentado en muchas oportunidades, ha ayudado a edificar la industria cinematográfica en Colombia y que volvió a exigir la presentación de cortometrajes colombianos en las salas antes de cada función.  Hoy escuchamos en los medios especializados en cine que muchos cortometrajes colombianos ganan premios de toda índole en el exterior, por lo que podría pensarse que es una gran oportunidad para que el corto colombiano se presente en la gran pantalla como “telonero” de una película comercial.  Nombres como “La Cerca”, “Marina la mujer del pescador” y “Rojo Red” (cuya foto ilustra este post) son frecuentes en los boletines de cine pero escasos en las salas; nuestra sorpresa siempre es mayúscula al descubrir que lo que nos abre el apetito cinematográfico cada que vamos a cine tiende más a producirnos una indigestión anticipada. 
Cualquier espectador podría pensar que son muy malos los cortos que se hacen en Colombia si sólo tuviera en cuenta la calidad de los cortometrajes que pasan antes de las películas (conozco mucha gente que siempre llega cinco minutos tarde a la sala para perdérselos) pero si partimos de la base de que el cine es un negocio y los exhibidores no quieren arriesgarse a que un solo peso salga de sus arcas, comprenderemos que los cortometrajes que se usan  son probablemente los más baratos del mercado, los que ayudan a cumplir la ley sin hacer un mayor esfuerzo.   Es decir, entre los setenta y ahora poco ha cambiado en este renglón.
 Al menosprecio de los exhibidores se suma el desprecio de los canales de tv que, ávidos por rellenar sus franjas muertas de programación y previamente pautadas con los anunciantes, ofrecen sumas ridículas pidiendo en contraprestación la exclusividad de los obras de mayor calidad.  ¿Tiene lógica que a un cortometraje que cuesta 50 mil dólares le ofrezcan 2 mil por un contrato exclusivo?
Los cortometrajistas colombianos pueden hacer negocios internacionales hoy, hay mercados del cine y espacios de encuentro con productores de la región interesados en apoyar estas iniciativas, pero lamentablemente nuestro país es el que menos tiene en cuenta sus esfuerzos.  Afortunadamente hay iniciativas en cada festival de cine colombiano orientadas a este importante sector y festivales temáticos como El Espejo  que apoyan y promueven estos trabajos.
Sé que el principal argumento para esta clase de discusiones es decir siempre que el cine es un negocio y que nadie monta una tienda para perder dinero.  Esto es más que legítimo pero también sería bueno que en esta tienda promovieran otros productos  distintos a los enlatados.

21/10/2010

Los viajes del viento y los premios Macondo

Esta noche se realizó en Bogotá la primera edición de los Premios Macondo al cine colombiano.  Estos premios pretenden fomentar la industria del cine y premiar cada año a lo mejor de nuestra cinematografía, con el apoyo del Ministerio de Cultura y la recién creada Academia del Cine Colombiano.
Los ganadores de esta edición fueron:
Mejor Pelicula Colombiana (premio del público): La Pasión de Gabriel
Mejor Montaje:  Sebastián Hernández – La Sangre y la Lluvia
Mejor Actriz de Reparto: Margarita Rosa de Francisco – Del Amor y Otros Demonios
Mejor Actor de Reparto: Manolo Cardona – Contracorriente
Mejor Dirección de Arte: Juan Carlos Acevedo – Del Amor y Otros Demonios
Mejor Fotografía: Paulo Andrés Perez – Los Viajes del Viento
Mejor Sonido:  Miguel Vargas, Isabel Cristina Torres y Fréderic Ther – El Vuelco del Cangrejo
Mejor Música: Iván Ocampo – Los Viajes del Viento
Premio toda una vida dedicada al cine: Luis Ospina
Mejor guión Original: Retratos en un Mar de Mentiras
Mejor Actor Principal:  Andrés Parra – La Pasión de Gabriel
Mejor Actriz Principal: Paola Baldión – Retratos en un Mar de Mentiras
Mejor Diseño de Sonido: Miguel Vargas, Isabel Cristina Torres y Frederic Thery- El vuelco del cangrejo.
Mejor dirección: Ciro Guerra- Los Viajes del Viento
Premio especial de la academia a mejor película: Los viajes del Viento

 A propósito de la película colombiana “Los viajes del viento” ganadora indiscutible y merecida de los premios Macondo 2010, reencaucho un texto en el que comenté la película el mismo día que la vi.  Igualmente quiero invitar a mis amigos (colombianos y extranjeros) a que disfruten algunos de los mejores títulos de nuestra filmografía que lamentablemente pasaron muy rápidamente por la cartelera pero que ya se empiezan a conseguir en DVD.  Algunos de los mejores largometrajes colombianos de los últimos años que recomiendo son: “Los viajes del viento”, “El vuelco del cangrejo”, “Satanás”, “Retratos en un mar de mentiras”, “La pasiòn de Gabriel” y “La sangre y la lluvia”, entre otros bueno títulos.

 LOS VIAJES DEL VIENTO
22 de mayo de 2009

Mucho se habla en los medios de comunicación de los premios y reconocimientos y es ésta tal vez la única forma en la que una película como “Los viajes del viento” puede figurar en la agenda informativa.  La cinta está en la selección oficial “Una cierta mirada” del Festival de Cannes y esto es en sí mismo más importante que estar en la selección para los Oscar, por la exigencia de calidad que Cannes implica. Después de salir de “Los viajes del viento” es posible entender que más que una película, ésta es una experiencia, un gran viaje a pie que debemos hacer muy ligeros de equipaje para poder disfrutar.   Y cuando digo esto me refiero a dejar afuera del teatro los pre-conceptos que tengamos sobre el cine colombiano, pues esta película (para júbilo de los que claman porque el cine colombiano muestre lo “más bonito” del país) no tiene narcotráfico, guerrilla ni malas palabras; es más, casi no tiene palabras en un cine como el nuestro caracterizado por ser tan parlanchín. 

También es necesario dejar afuera de la sala a Hollywood y sus narraciones frenéticas, efectos visuales y explosiones.  “Los viajes del viento” no es Hollywood ni la Colombia que todos, hasta los colombianos, conocemos; es una gran ventana panorámica que nos ratifica lo que siempre sospechamos: que nuestra Costa Caribe es un mundo distinto, fascinante e inexplorado; cuyas leyes y dinámica responden más al realismo mágico que a la “realidad” que vemos todos los días en los noticieros.
Algunos cinéfilos entramos a la sala con grandes expectativas frente a una película de la que sabemos está dirigida a un público minoritario y cuyo antecedente más importante es “La sombra del caminante”, ópera prima de su director, Ciro Guerra (quien sólo tiene 29 años), una mirada intimista a la violencia sin una gota de sangre con personajes que son más grandes que sus acciones.  En mi concepto, “Los viajes del viento” no decepciona; pues si el espectador logra relajarse y “frenar” un poco los impulsos y deseos de vértigo que Hollywood nos ha dejado como secuela, podrá disfrutar de una obra cercana, personal; un viaje con dos juglares a través de la cultura vallenata y en donde la gran fotografía y los espectaculares paisajes del mar caribe, la sabana costeña, la sierra y el desierto nos hacen ver a Colombia como nunca la hemos visto. 
Es de resaltar la gran riqueza técnica que tiene la película y que nos hace pensar que, por fin, superamos el subdesarrollo tecnológico en nuestro cine, esta película se ve y se oye y en ambos casos la experiencia es gratificante. Uno de los mejores aspectos de la película, además de sus hermosos paisajes, es la música.  El vallenato tradicional (no el cachaco lastimero y zalamero) es protagonista y con él las leyendas, ritos y personajes más representativos.  El vallenato viaja también en forma de acordeón junto a los protagonistas desde la sabana hasta encontrarse con sus raíces en la gran Sierra Nevada.
Si hay algo que, de todas formas, hay que criticar a la película es la distancia que establece entre los personajes y el espectador.  Es difícil y cuesta mucho tiempo entrar en la dinámica de los personajes y compartir su motivación (que no está clara) en la película, pero poco a poco nos vamos enterando de que estamos ante una gran “road movie” en donde no importa el destino pero sí el camino y las secuelas que deja.  Igualmente, podría criticársele al director de la película su exceso de cinefilia al querer imitar el estilo de maestros del cine como Win Wenders, Antonioni y Glauber Rocha, sin llegar a ser ésta una película intelectualoide.
Seguramente muchos de los que se quejan de que el cine colombiano sólo es violencia y narcotráfico no irán a ver esta película, que a pesar de mostrar lo “bonito” de Colombia es lenta y para muchos aburridora.  Esta es la apuesta de Ciro Guerra y su equipo, un trabajo más antropológico que comercial, un vistazo a ese caribe rico en cultura y tradiciones y en donde es difícil encontrar los límites entre la realidad y la magia:  Es de resaltar que este joven y talentoso director costeño formado en la capital le apueste a un cine que definitivamente no está hecho para los grandes públicos, pero que es cine en todo el sentido de la palabra, por su cuidadosa fotografía, su economía de diálogos y sus riesgos narrativos.

15/10/2010

Una flor en el desierto

Es un cliché afirmar que una imagen vale más que mil palabras, pero es cierto también que muchas veces no nos conmueven tanto las situaciones como cuando nos acercamos a ellas por medio de una historia, una melodía, un rostro. 
Acabo de ver la película “Desert Rose” sin saber de que se trataba y todo el tiempo me pareció, como muchas otras, una bonita historia de superación personal y un retrato distinto acerca del África ancestral que escapa un poco a esa visión de los gringos de que África no es el tercer mundo si no el infierno en la tierra. 
Ver la película sin haber leído reseñas anteriormente y desconocer por completo la historia de la top model Waris Dirie, me permitió la posibilidad de sorprenderme completamente por el giro dramático de su trama que no es otro que el objetivo que su directora persigue con la película: poner sobre el tapete occidental el tema de una tradición cuestionable y dolorosa que aun existe en muchas tribus africanas: La ablación.
Para quienes no conocen del tema (sospecho que la mayoría), esta tradición ancestral africana consiste en la mutilación de los genitales femeninos a temprana edad (en el caso de Dirie fue a los 3 años) y su posterior costura artesanal.  No quiero entrar en detalles para no sobrecoger a mis lectores como yo mismo lo hice al escuchar el monólogo central de la protagonista de la película, pero basta con decir que aun hoy 6000 niñas africanas padecen esta terrible tortura llegando a morir buena parte de ellas por culpa de las infecciones y demás padecimientos que sufren a raíz de este antihigiénico y machista procedimiento.
Las mujeres indagadas en la misma región por la directora de la película, Sherry Horman, hicieron énfasis en que esta tradición no tiene fundamento religioso, pues ni en el Corán se describe esta práctica; pero se ha sostenido debido en buena parte al machismo imperante en la región y a la ignorancia de quienes no cuestionan un procedimiento tan tradicional como éste.
Pero como este es un blog dedicado básicamente al cine quiero mencionar algunos de los méritos de esta historia que, más allá de estar basada en una inspiradora trama, tiene argumentos de sobra para destacarse en medio de la, a menudo, pobre oferta cinematográfica de nuestras salas. 
La historia tiene un sello indiscutiblemente femenino al no hacer énfasis en la gran travesía a pie que hace la protagonista desde su fuga de la aldea de sus padres hasta la ciudad de Mogadiscio (que tendría un gran potencial épico), si no en todos los inconvenientes que debe atravesar como mujer desarraigada durante buena parte de su vida antes de ser una reconocida modelo y tener la valentía de emprender con dolor pero sin resentimientos una campaña mundial en contra de la ablación. 
Sin embargo, a diferencia de muchas historias de vida similares, “Desert Rose” no busca provocar la lástima o la admiración extrema por el personaje central, si no hacer un primer plano a esta hermosa mujer para resaltar su belleza natural, su capacidad de amar a pesar de su tragedia y la naturalidad con la que afronta la vida a pesar de vivir un gran choque cultural.
La fotografía de la película es parte del pincel narrativo de su directora, al hacer énfasis en cámaras al hombro y planos aberrantes que llegan a ser molestos al narrar la infancia de Dirie en contraste con la cámara quieta, desprovista de movimiento para narrar el glamour del mundo del modelaje.
Grandes actuaciones hacen atractiva la narración de la historia. Sorprende la naturalidad y frescura de la modelo Liya Kebede, que luce auténtica en la historia y el humor del personaje de Sally Hawkins, una bailarina frustrada que termina ganándose el cariño del público.  No todo, por supuesto, puede ser positivo en esta película  y es en el manejo del tiempo en donde encuentro algunas fallas, particularmente en las secuencias de modelaje, en donde puede generarse la falsa sensación de “cuento de hadas” al mostrar demasiado fáciles algunos procesos que podrían demandar mayor esfuerzo (particularmente la secuencia en donde la protagonista aprende a “caminar” como modelo).
Es muy difícil, de todas formas, terminar un comentario sobre “Desert Rose” sin volver al tema de la ablación y debo decir que hay una secuencia tremendamente dura que puede poner los pelos de punta hasta el más insensible pero que no se queda en el escándalo explícito si no en mostrar dramática pero poéticamente la dimensión real de tan terrible procedimiento. 
Espero que sean ustedes quienes lo juzguen, pero a mí el cine nuevamente me ha permitido asomarme a la ventana de la más dramática de las ficciones: la de la vida real.

14/10/2010

Excelente secuencia de UP

De vez en cuando la industria de Hollywood (en este caso Pixar) nos sorprende con alguna obra de arte.  Una de las películas animadas que más me ha gustado en los últimos años es Up y, concretamente, debo decir que ésta es mi secuencia favorito.  Como bien dice mi amigo Andrés Forero (a quien agradezco el recordármela) esta secuencia es, en sí misma, un cortometraje muy bien hecho.  Que lo disfruten.

11/10/2010

Clichés de Hollywood

Hola
Quienes me conocen saben que hace rato que vengo obsesionado con el tema de la creatividad en los guiones y que he estado investigando sobre el cine de Hollywood, sus fórmulas y recetas (tema que hace parte de mi libro “Cine: Recetas y símbolos”, en un capítulo que escribí con mi amigo y colega Enrique Uribe).  Para las charlas que di en México hace un mes utilicé una promoción interesante de una película de comedia romántica, que me impactó por su forma de burlarse de las mismas fórmulas tan presentes en su género.
Sin la intención de hacer promoción de esta película, que me parece divertida pero tampoco una maravilla, comparto
con ustedes este video en donde se mencionan de forma muy divertida algunos clichés del cine de Hollywood (particularmente en las películas de comedia romántica).  ¡Que lo disfruten!

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