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Archive for 06/03/2011

Una nueva visión sobre el conflicto armado

El año pasado finalizamos una investigación de la Universidad de La Sabana sobre cine y conflicto armado en Colombia entre 1965 y 2007.  En el proyecto investigamos la representación de los personajes, acciones y escenarios del conflicto armado en nuestras películas y llegamos a conclusiones realmente preocupantes para nuestro cine, que aun no se decide a contar lo que nos pasa con profundidad, para aportar a la reflexión sobre un tema que nos ha afectado como nación durante más de sesenta años. 
La cantidad de películas que hablan de este tema no sobrepasaba el 7% de la filmografía nacional (largometrajes) y la gran mayoría de los títulos utilizaron el tema sólo como un telón de fondo (aquí están las conclusiones del estudio y aquí un informe hecho por City TV).
Uno de los imaginarios más frecuentes sobre el cine colombiano es la concepción del público de que todo el cine hecho en nuestro país es violento.  Esta conclusión es precipitada y poco fundamentada frente al escaso porcentaje de películas que el público colombiano conoce y la repetición en el gusto del público (o de los exhibidores, más bien) de los mismos títulos, algunos de los cuáles ni siquiera pueden considerarse plenamente colombianos como Rosario Tijeras, La virgen de los sicarios y María full of grace).  Hay un poco de doble moral en nuestro público que se queja ante todas las instancias de la violencia en el cine y la televisión pero que luego encumbra a muchas películas de narcotráfico entre las más taquilleras y  a producciones como El Capo, Las muñecas de la mafia y El cartel al punto más alto del raiting televisivo.  Nunca he entendido tampoco aquel argumento de que nos preocupe más lo que piensan en el exterior de nosotros (la imagen del país) que lo que realmente pase aquí.
Bajo mi punto de vista, el problema no es el tema si no el tratamiento del mismo.  No se trata de que hayan temas vetados o prohibidos ni mucho menos, como dice buen sector del público, que debamos hacer películas sobre lo bonito de Colombia.  Esas películas se han hecho y muy pocos las han visto.

Todos tus muertos

El pasado festival de cine de Cartagena tuve la oportunidad de asistir, el mismo día, a la proyección de tres películas colombianas que tocan el tema del conflicto armado como eje central de su narración.  Esta gran coincidencia me genera, además, un optimismo moderado frente a un nuevo tratamiento de este delicado tema por parte del cine nacional.  Las tres películas son: Todos tus muertos de Carlos Moreno, Pequeñas voces de Jairo Carrillo y Óscar Andrade y Los colores de la montaña de Carlos César Arbeláez.
Frente a la tentación de hacer “pornomiseria” o de contar con las imágenes más escabrosas aquellas historias reales que ni el más sádico de los escritores de terror se atrevería a contar, estas películas optan por la moderación.  No se trata de escandalizar con imágenes ni de hacer cine “gore”, pues lamentablemente la realidad misma es cruel y macabra.  Tampoco se trata de hacer periodismo o sociología, sólo basta con poner sobre la mesa estos temas y ayudar a que el público reflexione un poco sobre lo que ocurre en el país para que tomemos conciencia de la complejidad de los problemas y, de alguna manera, nos solidaricemos con nuestros compatriotas que padecen el conflicto armado cada día.
En Todos tus muertos, Moreno se la juega con una puesta en escena casi teatral de una historia que difícilmente podría ser más macabra: una pila de 50 muertos dejados en la propiedad de un campesino y el problema que supone para un alcalde y sus policías en pleno día de elecciones.   Como apuesta estética, el mismo director ha reconocido que omitió el uso de la sangre como un elemento sensacionalista para que el relieve de la historia esté más en los personajes (vivos y muertos) que en los elementos grotescos de la historia.  La película termina siendo una gran reflexión sobre la política, la vida en medio del conflicto, la convivencia entre legalidad y criminalidad y, sobre todo, la gran indiferencia que nos ha caracterizado como nación, usando para ello una gran cantidad de metáforas y símbolos.  En la rueda de prensa lo que más me impactó fueron las palabras del director al afirmar que “La palabra más importante del título de la película es tus pues nunca son nuestros muertos, siempre asumimos que son de otro”.  Al final no solo queda la amarga sensación en la boca, si no también la conciencia de que este problema nuestro es mucho más complejo de lo que muchos creen.  Para resaltar: la impresionante fotografía (ganadora de un premio en Sundance) realizada en su mayor parte con luz natural, y la confirmación de Álvaro Rodríguez como uno de los mejores actores del cine colombiano.
En el caso de Pequeñas voces, se trata de un ejercicio en el que es tan interesante la película como el complejo proceso de investigación que hay detrás de la misma.  Se trata de uno de los pocos films argumentales (a pesar de que curiosamente fue elegido mejor documental en Cartagena) que usa una investigación robusta como fundamento para su guión.

Pequeñas voces

Las pequeñas voces de la historia crecen a medida que la misma avanza.  Ya no es el conflicto contado por los medios ni por los verdugos que son las voces más recurrentes, si no aquel que lamentablemente viven muchos niños de nuestro país en su cotidianidad.  Cualquier padre, por supuesto, se siente impactado por una película de este corte; pero en este caso no se trata solamente de comentar anécdotas terribles de un pueblo que sufre si no de retratar la cotidianidad de los niños campesinos colombianos mediante sus voces y sus imágenes.  La película está narrada por los niños protagonistas y algunas de las imágenes usadas (se trata de una película animada) son dibujadas por ellos mismos.  De esta forma, el conflicto y sus actores aparecen como elementos cotidianos que a veces solo son fantasmas pero que en otras son presencias reales terroríficas.  No se trata, de todas formas, de congraciarse con la miseria o sentir lástima hacia los personajes, pues el sentimiento al ver la película es el de admiración por quienes conviven con la cruenta realidad y aun así son capaces de sonreir.   Como dato adicional, la película fue presentada en el festival como el primer largometraje colombiano en 3D y esto, bajo mi juicio, es un gran error que llevará a las salas a un público con diferentes expectativas que la comparará con el 3D de Hollywood.  Espero que este truco no se convierta en dolor de cabeza para los productores.
Los niños aparecen también como el centro de la película Los colores de la montaña y desde su punto de vista vemos el conflicto armado como efecto y no desde los actores en disputa.  La vida del campo, las relaciones familiares y de los habitantes de los pueblos, la cotidianidad de las escuelitas rurales y los juegos infantiles, son los protagonistas de la primera parte de una historia que nos atrapa desde el principio por medio de personajes entrañables interpretados por niños igualmente inolvidales.  Uno de los mayores meritos de la historia es su sencillez, al no pretender contar una historia demasiado compleja, pues el solo hecho de que unos niños quieran rescatar un balón de un campo minado es suficientemente dramático como para inventar subtramas rebuscadas.
Como afirmó su director en la rueda de prensa: “Mi foco en la película son los niños, aun en los momentos más dramáticos yo decido quedarme con ellos, así no estén en el centro de la escena en ese momento”.  Gracias a esta condición es que nunca vemos de manera directa los hechos violentos y sólo nos llega el reflejo cuando los personajes tienen que tomar decisiones de vida o muerte.  Esta película es una de esas inolvidables que nos golpea fuertemente sin necesidad de usar trucos o efectos, al solo permitirnos asomar a la ventana de esas otras realidades colombianas que muchas veces no saldrán en los grandes medios de comunicación. 
Tres producciones sobre el conflicto armado, tres miradas desde las víctimas que no enaltecen a los victimarios, tres reflexiones sobre la complejidad del problema, tres tratamientos sobrios en donde la sangre no es protagonista, abren el camino al tan cacareado nuevo cine colombiano que no es más que aquel que nos ayuda a entender nuestro país en todas sus dimensiones centrándose en lo más importante: las historias de nuestra gente.

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