Post etiquetado ‘cine colombiano’

28/11/2011

Películas favoritas de 2011

A pesar de que aun no acaba el año, me anticipo a escoger mis películas favoritas de 2011 (las que se estrenaron en Colombia este año, muchas son lamentablemente de 2010, 2009 o anteriores). 
Las películas favoritas de los lectores del blog son:
1-Black Swan- 34%
2- Los colores de la montaña- 18 %
3-Medianoche en París- 18%
4- El discurso del rey- 8%
5- X-men first class- 8%
Este es mi ranking después de la inclusión de Fish Tank:

10- El Páramo- Jaime Osorio Márquez- Colombia
Maravilloso intento por hacer cine de género (suspenso-terror) en Colombia, con poco presupuesto pero altas aspiraciones (como la de grabar la historia en un páramo real, teniendo en cuenta las dificultades del terreno).  Es la demostración de que se puede hacer cine comercial de calidad sin tener que hipotecar la casa.  Una historia sólida, actuaciones convincentes y un guión tan sencillo que funciona perfectamente.
9- Soul Kitchen- Faith Akin- Alemania y Grecia
Comedia divertida y brillante.  Una historia simple y llena de sentimiento (no sentimentalismo), con muy buenas actuaciones (se destaca Moritz Bleibtreu, protagonista de Corre Lola Corre y El Experimento) y momentos realmente memorables.  Destaca la buena música y una dirección de arte que convierte a un restaurante en uno de los personajes principales.


8- El Ganador- David Rusell- USA

Contrario a lo que podría pensarse, ésta no es la historia de un boxeador, si no la de las relaciones familiares mezcladas con negocios.  Es muy interesante la relación de amor-odio-reproche-admiración y celos que se establece entre el campeón con su hermano, un antiguo ídolo del boxeo sumido en los problemas y su madre-manager, quien se debate entre el amor maternal y el ánimo de lucro.  Lo más destacable es la actuación de Christian Bale, irreconocible física y actoralmente en un papel de perdedor entrañable, digno de lástima y cariño.

7- Los colores de la montaña- Carlos César Arbeláez- Colombia
Este fue un buen año para el cine colombiano, no en término de taquilla, si no en la calidad de las películas. A la ya mencionada “El Páramo”, hay que sumarle, entre otras, ”Pequeñas voces” y “Todos tus muertos”, películas en las que se equilibra la técnica y el contenido. Para mi gusto, la mejor película nacional del año es “Los colores de la montaña”, una mirada sensible (no sensiblera) sobre el conflicto armado desde la óptica de los niños.  A pesar de ser acechada por peligros como el sensacionalismo o la explotación de los personajes infantiles, no cae enestas tentaciones y, por el contrario, logra conmover y motivar una reflexión sobre la dura situación de nuestro país, sin hacer eco de los victimarios ni explotar el dolor de las víctimas.
6- Flor del desierto- Sherry Hormann- Alemania, Austria y Francia 
Una historia realmente desgarradora, basada en una historia real y, más allá de eso, la situación terrible que ocurre día a día en algunas tribus africanas: la ablación.  La historia de la modelo Wairis Dirie, que inspiró su libro autobiográfico, es llevada al cine de manera magistral con una puesta en escena que ayuda desde la fotografía a generar la atmósfera enrarecida entre el glamour del modelaje y las difíciles condiciones de los países subdesarrollados.

 

5- Fish Tank- Andrea Arnold- Gran Bretaña
Esta es otra de esas películas que duele.  Desde el principio sentimos relaciones contradictorias por cada uno de los personajes, que se van volviendo más complejas cada vez que desarrollan sus acciones (algunas nobles, otras detestables).  No es una película complaciente y durante toda la historia podemos sentir un “Me gusta, no me gusta” para terminar con un gran “Me gusta” al sentir que estamos viendo personas en la pantalla, en toda su dimensión humana, no monstruos ni héroes ni villanos, seres comunes cuyo palpitar se siente en cada fotograma. Pd: Que gran actor es Michael Fassbender (lo vimos en Inglorious Bastards).

4- El Gran Concierto- Radu Mihaileanu- Francia, Italia, Bélgica y Rumania
Una comedia con tintes realmente dramáticos que juega permanentemente entre la realidad y el límite del absurdo, sirve de excusa para hablar (sin tomar mucho partido político) de la libertad y la realización personal.  La historia de una estafa que se mira con complicidad y simpatía por personajes muy humanos, llenos de esperanzas y sueños.  De fondo, la genial música de Tschaikovsky que nos lleva a un viaje entre el presente y el pasado de cada uno de los personajes principales.

3- Waste Land- Lucy Walker- Gran Bretaña
Uno de los mejores documentales que he visto en los últimos años.  Es una clase magistral de documentalismo, pero también de investigación etnográfica.  La película devela los resultados y el proceso de investigación de un artista en busca de sus raíces, con una motivación filantrópica sin ocultar también la incertidumbre que siempre se tiene al enfrentar un proceso de este tipo.  Por medio de una fotografía bellísima, se presenta una historia de esperanza en medio del relleno sanitario más grande de Latinoamérica, ubicado en Río de Janeiro (Brasil). Los personajes, sencillamente inolvidables.

2- El Cisne Negro- Darren Aronofsky- USA
En mi concepto, la mejor película de Hollywood este año.  Esta cinta sorprendió gratamente al recibir tan buena aceptación de la crítica como del público.  Se trata de otra obra del universo enrarecido de Aronofsky, con una actuación impecable de Natalie Portman y pretenciones explícitamente artísticas.  Una obra extraña y muy intimista que más que una historia lleva consigo un mundo de sensaciones.

1- Medianoche en París- Woody Allen- USA
Después de películas llenas de altibajos y críticas a su estilo algo desdibujado, Woody Allen nos trae una cinta maravillosa, llena de comedia inteligente, que hace guiños a los que amamos su cine y agrada también  a quienes lo detestan.  La película es una cantera de referencias al arte y a la historia, pero también se entiende como una comedia con tintes absurdos y momentos realmente divertidos.  Sorprende la actuación de Owen Wilson, un emblemático actor de la comedia comercial norteamericana, en un personaje similar al que siempre interpretó Allen y que ha continuado en varias películas, aun después del retiro de Woody como actor.

14/03/2011

Los colores de la montaña- película recomendada

Esta película pinta como una de las grandes revelaciones del 2011.  Le ha ido muy bien con el público y la crítica también la ha valorado mucho.  A mí sencillamente me gustó mucho, no se trata de una película sobre la violencia que explota la violencia misma y tal como dijo el maestro Robert McKee, es una verdadera película antibélica que realmente habla de la amistad, la niñez y la belleza en medio de una dura realidad como la nuestra.   Te invito a verla por la mejor razón que hay que ver una película colombiana: porque es una buena historia y no solo por apoyar el cine colombiano.

06/03/2011

Una nueva visión sobre el conflicto armado

El año pasado finalizamos una investigación de la Universidad de La Sabana sobre cine y conflicto armado en Colombia entre 1965 y 2007.  En el proyecto investigamos la representación de los personajes, acciones y escenarios del conflicto armado en nuestras películas y llegamos a conclusiones realmente preocupantes para nuestro cine, que aun no se decide a contar lo que nos pasa con profundidad, para aportar a la reflexión sobre un tema que nos ha afectado como nación durante más de sesenta años. 
La cantidad de películas que hablan de este tema no sobrepasaba el 7% de la filmografía nacional (largometrajes) y la gran mayoría de los títulos utilizaron el tema sólo como un telón de fondo (aquí están las conclusiones del estudio y aquí un informe hecho por City TV).
Uno de los imaginarios más frecuentes sobre el cine colombiano es la concepción del público de que todo el cine hecho en nuestro país es violento.  Esta conclusión es precipitada y poco fundamentada frente al escaso porcentaje de películas que el público colombiano conoce y la repetición en el gusto del público (o de los exhibidores, más bien) de los mismos títulos, algunos de los cuáles ni siquiera pueden considerarse plenamente colombianos como Rosario Tijeras, La virgen de los sicarios y María full of grace).  Hay un poco de doble moral en nuestro público que se queja ante todas las instancias de la violencia en el cine y la televisión pero que luego encumbra a muchas películas de narcotráfico entre las más taquilleras y  a producciones como El Capo, Las muñecas de la mafia y El cartel al punto más alto del raiting televisivo.  Nunca he entendido tampoco aquel argumento de que nos preocupe más lo que piensan en el exterior de nosotros (la imagen del país) que lo que realmente pase aquí.
Bajo mi punto de vista, el problema no es el tema si no el tratamiento del mismo.  No se trata de que hayan temas vetados o prohibidos ni mucho menos, como dice buen sector del público, que debamos hacer películas sobre lo bonito de Colombia.  Esas películas se han hecho y muy pocos las han visto.

Todos tus muertos

El pasado festival de cine de Cartagena tuve la oportunidad de asistir, el mismo día, a la proyección de tres películas colombianas que tocan el tema del conflicto armado como eje central de su narración.  Esta gran coincidencia me genera, además, un optimismo moderado frente a un nuevo tratamiento de este delicado tema por parte del cine nacional.  Las tres películas son: Todos tus muertos de Carlos Moreno, Pequeñas voces de Jairo Carrillo y Óscar Andrade y Los colores de la montaña de Carlos César Arbeláez.
Frente a la tentación de hacer “pornomiseria” o de contar con las imágenes más escabrosas aquellas historias reales que ni el más sádico de los escritores de terror se atrevería a contar, estas películas optan por la moderación.  No se trata de escandalizar con imágenes ni de hacer cine “gore”, pues lamentablemente la realidad misma es cruel y macabra.  Tampoco se trata de hacer periodismo o sociología, sólo basta con poner sobre la mesa estos temas y ayudar a que el público reflexione un poco sobre lo que ocurre en el país para que tomemos conciencia de la complejidad de los problemas y, de alguna manera, nos solidaricemos con nuestros compatriotas que padecen el conflicto armado cada día.
En Todos tus muertos, Moreno se la juega con una puesta en escena casi teatral de una historia que difícilmente podría ser más macabra: una pila de 50 muertos dejados en la propiedad de un campesino y el problema que supone para un alcalde y sus policías en pleno día de elecciones.   Como apuesta estética, el mismo director ha reconocido que omitió el uso de la sangre como un elemento sensacionalista para que el relieve de la historia esté más en los personajes (vivos y muertos) que en los elementos grotescos de la historia.  La película termina siendo una gran reflexión sobre la política, la vida en medio del conflicto, la convivencia entre legalidad y criminalidad y, sobre todo, la gran indiferencia que nos ha caracterizado como nación, usando para ello una gran cantidad de metáforas y símbolos.  En la rueda de prensa lo que más me impactó fueron las palabras del director al afirmar que “La palabra más importante del título de la película es tus pues nunca son nuestros muertos, siempre asumimos que son de otro”.  Al final no solo queda la amarga sensación en la boca, si no también la conciencia de que este problema nuestro es mucho más complejo de lo que muchos creen.  Para resaltar: la impresionante fotografía (ganadora de un premio en Sundance) realizada en su mayor parte con luz natural, y la confirmación de Álvaro Rodríguez como uno de los mejores actores del cine colombiano.
En el caso de Pequeñas voces, se trata de un ejercicio en el que es tan interesante la película como el complejo proceso de investigación que hay detrás de la misma.  Se trata de uno de los pocos films argumentales (a pesar de que curiosamente fue elegido mejor documental en Cartagena) que usa una investigación robusta como fundamento para su guión.

Pequeñas voces

Las pequeñas voces de la historia crecen a medida que la misma avanza.  Ya no es el conflicto contado por los medios ni por los verdugos que son las voces más recurrentes, si no aquel que lamentablemente viven muchos niños de nuestro país en su cotidianidad.  Cualquier padre, por supuesto, se siente impactado por una película de este corte; pero en este caso no se trata solamente de comentar anécdotas terribles de un pueblo que sufre si no de retratar la cotidianidad de los niños campesinos colombianos mediante sus voces y sus imágenes.  La película está narrada por los niños protagonistas y algunas de las imágenes usadas (se trata de una película animada) son dibujadas por ellos mismos.  De esta forma, el conflicto y sus actores aparecen como elementos cotidianos que a veces solo son fantasmas pero que en otras son presencias reales terroríficas.  No se trata, de todas formas, de congraciarse con la miseria o sentir lástima hacia los personajes, pues el sentimiento al ver la película es el de admiración por quienes conviven con la cruenta realidad y aun así son capaces de sonreir.   Como dato adicional, la película fue presentada en el festival como el primer largometraje colombiano en 3D y esto, bajo mi juicio, es un gran error que llevará a las salas a un público con diferentes expectativas que la comparará con el 3D de Hollywood.  Espero que este truco no se convierta en dolor de cabeza para los productores.
Los niños aparecen también como el centro de la película Los colores de la montaña y desde su punto de vista vemos el conflicto armado como efecto y no desde los actores en disputa.  La vida del campo, las relaciones familiares y de los habitantes de los pueblos, la cotidianidad de las escuelitas rurales y los juegos infantiles, son los protagonistas de la primera parte de una historia que nos atrapa desde el principio por medio de personajes entrañables interpretados por niños igualmente inolvidales.  Uno de los mayores meritos de la historia es su sencillez, al no pretender contar una historia demasiado compleja, pues el solo hecho de que unos niños quieran rescatar un balón de un campo minado es suficientemente dramático como para inventar subtramas rebuscadas.
Como afirmó su director en la rueda de prensa: “Mi foco en la película son los niños, aun en los momentos más dramáticos yo decido quedarme con ellos, así no estén en el centro de la escena en ese momento”.  Gracias a esta condición es que nunca vemos de manera directa los hechos violentos y sólo nos llega el reflejo cuando los personajes tienen que tomar decisiones de vida o muerte.  Esta película es una de esas inolvidables que nos golpea fuertemente sin necesidad de usar trucos o efectos, al solo permitirnos asomar a la ventana de esas otras realidades colombianas que muchas veces no saldrán en los grandes medios de comunicación. 
Tres producciones sobre el conflicto armado, tres miradas desde las víctimas que no enaltecen a los victimarios, tres reflexiones sobre la complejidad del problema, tres tratamientos sobrios en donde la sangre no es protagonista, abren el camino al tan cacareado nuevo cine colombiano que no es más que aquel que nos ayuda a entender nuestro país en todas sus dimensiones centrándose en lo más importante: las historias de nuestra gente.

03/03/2011

Colombia en Hollywood

Es gracioso, por decir lo menos, que la imagen que muchas personas tienen de Colombia sean las que las películas de Holllywood nos han construido.  Las imágenes y sonidos de Colombia deben ser presentados al mundo por los colombianos por medio de historias de lo bueno y lo malo que nos ocurre.

En este propósito se pronuncia este mensaje de la ley del cine:



Igualmente, este compilado sobre Colombia made in Hollywood es divertido:

12/02/2011

Entrevista en Caracol Radio

La semana pasada fui entrevistado por el programa “La Ventana” de Caracol a raíz de la publicación de los resultados de la última investigación que realicé con la profesora Sandra Ruiz sobre  cine colombiano y conflicto armado.  La entrevista giró en torno a la necesidad de estudiar este tema y la deuda que el cine colombiano tiene aun con el tratamiento de un tema tan delicado e importante para Colombia como éste. 
Para escucharlo haga click aquí

29/12/2010

Resumen de 2010- Parte 2

Continuación…
MUNDIAL RUIDOSO Y POCO VISTOSO
El esperado mundial de fútbol, de nuevo sin Colombia, fue visto entre el ruido de las vuvuselas que enloquecieron a medio mundo y  el tedio de buena parte de los partidos que, para los expertos, carecieron del realce y brillo de épocas pasadas (recomiendo el sitio Deporte en letras de mis amigos y periodistas que admiro, Jhon Jaime Osorio y Diego Sánchez).  Para destacar: El sorprendente desempeño de Uruguay (que jugó algunos de los mejores partidos), la espinita que por fin se sacó España ganando el campeonato, la frivolidad del pulpo Paul y, sobre todo, el gran gol que anotó Davivienda con su campaña de “Ricardo Jorge”, que alegró muchos momentos tediosos de fútbol.


MORENO LA VE NEGRA
Samuel Moreno podría pasar a la historia como el alcalde más impopular de Bogotá.  En la ciudad es evidente el abandono, las obras sin terminar, el caos vehicular, la inseguridad y un eterno etcétera que si bien no es su responsabilidad exclusiva de Samuel, tampoco lo exonera.  Después de salir medianamente airoso de un paro de transportadores que paralizó la ciudad durante casi una semana y que mostró la fragilidad de la gestión de Bogotá, el segundo semestre quedaron en evidencia el carrusel de contratación y corrupción, el robo del dinero de las obras y la falta de planeación de proyectos como el cacareado metro de la capital.
LA MUERTE DE JOJOY
Con la muerte del Mono Jojoy se puso fin a una vida de terror, pero también de leyenda.  Como todos los grandes villanos, sus atrocidades superan el límite de la ficción y su muerte generó un optimismo, quizás exagerado, en muchos colombianos.  Discusión aparte merecería el exagerado operativo militar que llevó a su muerte y los millones que costó.
MEDELLÍN “DESCRESTÓ” CON LOS SURAMERICANOS
Como paisa es imposible para mí no mencionar la impecable organización de los juegos suramericanos que, además, fueron ganados por Colombia.  Al maravilloso espectáculo hay que sumar la construcción de escenarios deportivos de primer nivel para las ligas de Antioquia y el impulso al deporte juvenil.  En el que parece ser uno de los años más duros del regreso de la violencia a Medellín, los suramericanos fueron un bonito oasis.
COMO PARA NO CREERLO
Como si la fecha de este post (28 de diciembre) obligara a hablar de cosas insólitas, este 2010 dejó algunos hechos que si no hubiéramos presenciado en su momento no creeríamos o consideraríamos exageraciones.  La realización de un partido de tenis durante tres días, el revuelo causado por la salida del closet de Ricky Martin (¿alguien se enteró de cuando se metió?),  una cantante con pintas tan extravagantes como un traje de carne, un país como el nuestro con fiscal permanentemente encargado y ternas de seis personas, un tercer canal que nada que se adjudica y un patinador que celebra su título antes de tiempo y pierde su medalla, fueron algunas de las perlas.
LOS QUE SE FUERON:
Este fue un año particularmente duro para el mundo del cine y la televisión en Colombia y en el mundo, pues  vimos partir a los más veteranos y también a jóvenes figuras.  En Colombia, el desconcierto por el supuesto suicidio de Lina Marulanda se unió al duelo de grandes y veteranos actores de la televisión como Teresa Gutiérrez, Héctor Rivas y Chela del Rio.  En el mundo la temprana desaparición de Britany Murphy conmovió tanto como la de Tony Curtis, Leslie Nielsen y Gary Coleman, así como la de los expresidentes de Argentina (Nestor Kirschner) y Venezuela (Carlos Andrés Pérez).  Aun hoy seguimos rezando para que el gran Gustavo Cerati no entre a esta lista en 2011 y pueda por fin recuperarse.
EN LO PERSONAL
El 2010 fue uno de los años más difíciles para mí, pero también uno de los que me ha dado mayores satisfacciones.  Mi consolidación en el trabajo, incluyendo la inauguración de uno de los más completos centros audiovisuales del país en mi universidad; la mejoría en la salud de mi hijo, una casa nueva, viajes enriquecedores académica y personalmente a Chile, Panamá y México y grandes retos alcanzados como publicar en inglés, escribir mi tercer y más importante libro hasta el momento y la creación de mi sitio web con dominio propio (jeronimorivera.com) que esperaba hace años.
Mis últimas palabras del año, no obstante, son para agradecer a Dios el hecho de que mi mamá, que casi muere por un grave accidente en febrero, hoy esté conmigo y tan aliviada como si nada hubiese sucedido.  Hoy, precisamente, mi mamá estrena oídos y su adaptación a los audífonos marca el inicio de una nueva etapa de su vida: la resurección.

 

FELIZ AÑO 2011 MIS AMIGOS!

14/12/2010

Artículo sobre cine colombiano y conflicto armado

EL CINE COLOMBIANO TIENE UNA DEUDA HISTÓRICA EN LA REFLEXIÓN DEL CONFLICTO ARMADO NACIONAL
Indica un estudio de la Universidad de La Sabana de Bogotá- Colombia

El conflicto armado en Colombia es uno de los más antiguos y cruentos del mundo.  Desde hace más de sesenta años, fuerzas guerrilleras luchan contra el Estado en todo el país y en las últimas décadas el conflicto se ha hecho más complejo con la aparición de grupos paramilitares y narcotraficantes.  El cine, promotor de la identidad cultural y registro de la realidad del país, debería ayudar a los colombianos a entender y analizar este conflicto, pero hasta el momento tiene una gran deuda histórica.  Estas conclusiones surgen del estudio realizado por los profesores colombianos Jerónimo Rivera, Jefe del Área de Comunicación Audiovisual de la Universidad de La Sabana y Sandra Ruiz, docente investigadora de la Universidad del Rosario; sobre las narrativas del conflicto armado en el cine colombiano y publicado en la última edición de la Revista Latina de Comunicación Social, que actualmente es la publicación con el mayor índice de impacto en Iberoamérica (según IN-RECS) en el campo de la comunicación.

La investigación se desarrolló en tres años y fue financiada por la Universidad de La Sabana.  En el proyecto se estudió el papel que el cine ha dado a los diferentes actores del conflicto armado y su importancia en la construcción de una imagen de país en las películas desde la década del 50 hasta el 2004 (año en el que inició la ley del cine).  Algunas de las principales conclusiones tienen que ver con la falta de una toma de posición del cine colombiano frente al conflicto, el pesimismo generalizado de las películas y la falta de análisis y propuestas de solución a los diferentes elementos del conflicto que azota a Colombia.

“A pesar de que el conflicto armado ha estado más presente en los últimos años, debido a la expansión de la industria del cine en nuestro país, aun falta un largo camino para que el cine nos ayude a comprender la complejidad de un problema que nos ha acompañado desde hace tantos años y que nos ha causado tanto dolor”, indicó el profesor Jerónimo Rivera Betancur, Director de la Revista Palabra Clave de la Universidad de La Sabana y co-autor del artículo

El texto puede ser leído en http://www.revistalatinacs.org/10/art3/915_Colombia/37_Rivera.html

09/11/2010

Medellín llena de gracia y fantasmas de sicarios

Publicado el Martes 18 de septiembre de 2007, en La Revista del Guión Actualidad
Por Alfredo Caminos (*)

No hay duda, las películas, para ser creíbles, no se valen sólo de la verosimilitud. La cercanía de las obras audiovisuales con la geografía, los paisajes, le gente y los acontecimientos de un país, resulta “necesaria” para la interpretación del contenido temático y argumental.
Pero la ficción es ficción, y por lo tanto el reflejo de la imaginación, de la invención, de la fantasía, de los delirios, y también de los temas sobre los que se desea contar. Y además, sobre lo que se demanda en términos de mercados audiovisuales. La imposición de dichos mercados no necesariamente obliga a los realizadores a narrar siempre lo mismo y de la misma forma. Los temas impuestos por el cine de entretenimiento pasan por pocos elementos, y entre ellos la violencia y el narcotráfico cuando se habla de Colombia. Parece un círculo vicioso, el consumidor del cine no quiere ver otra cosa si se trata de Medellín, Bogotá y Cali.

Los cineastas no son responsables de la realidad, ni tampoco deben ser los encargados de conseguir que la sociedad actúe con uno u otro criterio. Tampoco les corresponde a ellos evitar ciertas argumentaciones por motivos políticos, turísticos o económicos. Los relatos audiovisuales tienen una lógica de construcción con la tensión dramática propia del guión y lejos de incluir paisajes y personajes alejados del argumento. De la calidad de la obra depende el progreso del arte audiovisual. De esto sí, son responsables como artistas los responsables del quehacer cinematográfico en general, y los directores en particular. En ese sentido los realizadores de cada filme presentarán los hechos como espejo de esa realidad, sin otro ingrediente que la propia realidad, y a la cual le suman la imaginación.
Pero sí hay un responsable frente a la sociedad de construir la imagen que desea –y no para los guionistas y directores- sino para la gente que vive en esas ciudades. Es el estado, y más el gobierno, que se supone ha sido elegido para construir ese conjunto de vida social en la cual se desenvuelve. Y es en la dimensión de ese conjunto donde las narraciones audiovisuales se alejan de la cercanía con la realidad para entrar en el terreno de la fantasía de quien hace ficción.
La oportunidad de evaluar y pensar a Colombia, y más aún a Medellín, se presentó en las VIII Jornadas de Investigación (y I Internacionales) de la Universidad de Medellín. 14 invitados internacionales entre los cuales me contaba para exponer y escuchar acerca de proyectos de narrativa audiovisual.

La imagen que se tiene del país y que “sufren” los colombianos son aquellas que se vuelven conocidas por los espectadores a través de películas exitosas, como son La virgen de los sicarios y María llena eres de gracia , precisamente dirigidas por extranjeros. A tal punto es la imagen construida para el común de los extranjeros que se escucharon preguntas como “si se podía salir a la esquina a comprar pan”, o bien “si la universidad ponía guardaespaldas a los invitados”, generando la risa de los que había visitado la ciudad en varias oportunidades. ¿Cómo se construyó esa imagen de Medellín?
Los directores de cine –y los guionistas- tiene el derecho de inventar, imaginar, y crear mundos en donde se representan sus historias. Claro, si se escribe en el exterior lejos está de acercarse a la realidad, pero es ficción, y basada en hechos parecidos o del pasado. La violencia existente con anterioridad le ha dado esa posibilidad, aunque en la actualidad no difiera de lo que ocurre en otras ciudades como, por ejemplo, Buenos Aires.
Mientras tanto, el informativo en la televisión cuenta de un atentado en Irak, un francotirador frente a un colegio en USA, un tiroteo de un sicario con la guardia de un fiscal en Colombia y dos empresarios secuestrados en Argentina.
El estado colombiano está constantemente construyendo una imagen para los propios ciudadanos. El moderno metrocable de Medellín invade las zonas que antiguamente eran terreno de luchas de vendedores de droga. Se planta una modernidad similar a la de todo el mundo y la generación actual ya no es la misma de hace diez o quince años. Colombia evoluciona dentro de la globalización, no lo hace solo por el cine.
Sin embargo, hay un responsable de que se construya una imagen real: el espectador. En este caso no nos referimos al espectador colombiano. Por lo analizado en las Jornadas, allí se mira otro cine; próximo a lo social, al drama, a la comedia, a la fantasía; y cuando entra en el análisis de lo real lo hace desde la mirada del propio residente.
Por el contrario, el espectador extranjero sólo se ha quedado en la visión que otros extranjeros han construido de Bogotá y Medellín, por citar ejemplos de los filmes de Joshua Marston y Barbet Schroeder que nombramos más arriba. De ninguna manera se intenta decir aquí que el autor de la novela o el director de una película, deben condicionarse al escribir o hacer la ficción, todo lo contrario.
Hablamos sí, de la responsabilidad del espectador en analizar las obras con la mayor información posible, porque si no se le estaría dando a la ficción el estatus documental que no tiene. Los autores desean contar una historia, no retratarán la realidad, solo se basarán en ella.
Colombia, y precisamente Medellín, realiza un gran esfuerzo por sacarse el estigma de las llenas de gracia y de los sicarios rezando a la Virgen. Le corresponde ahora a los espectadores construir la imagen real del país y la ciudad, y para ello no basta con creerse la ficción como documento y además mirar solamente dos películas.
Hay una responsabilidad de los productores cinematográficos, que, con el ánimo de ganancia, solo venden de Colombia lo que los espectadores internacionales demandan de esas ciudades, lo que creen que es.
En el último día concurrí a un negocio a comprar películas colombianas. Hice caso de las recomendaciones y compré La vendedora de rosas y Rodrigo D. no futuro , ambas de Víctor Gaviria; Confesión a Laura de Jaime Osorio Gómez; La sombra del caminante de Ciro Guerra; Los niños invisibles de Lisandro Duque Naranjo; Kalibre 35 de Raul García; C omo el gato y el ratón de Rodrigo Triana; y Bolivar soy yo de Jorge Alí Triana (una no la pagué, me la regaló un amigo). Al preguntarle a la vendedora porque no me ofrecía “María…” y “La virgen…” que estaban separadas en otro estante me dijo “porque esas películas no hablan de Colombia”.
Salí a la calle y me fui caminando hacia el hotel, pensando en estas primeras líneas.
*Investigador argentino, miembro de la Red INAV

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 26 seguidores