¿Quién es el psicópata?

PEQUE-700x445.png“De psicópatas y otros hombres” es el nombre de la obra que se encuentra en temporada hasta finales de mayo en La Futilería Casa Corto (Bogotá).  Dirigida por Alejandro Aguilar, este montaje del colectivo El Clan nos trae una pieza impactante y que busca, más allá de la dramaturgia, una reflexión sobre el horror de nuestra vida cotidiana nacional. La obra, escrita por el costarricense Walter Fernández, nos cuenta la historia de tres hombres (un productor, un director y un actor) que tratan de construir un montaje escénico sobre un asesinato, a partir de la reconstrucción del feminicidio de una mujer que significó mucho en la vida de los tres.
Los crímenes atroces contra mujeres se ponen de moda cada cierto tiempo en la agenda de los medios de comunicación y luego de ser el tema de la semana y generar el repudio ciudadano, estas víctimas pasan al olvido. Esta obra es un grito desesperado para que esto no ocurra.
Desde la disposición del público en una sala rectangular, partida en dos por una inmensa ventana, los actores van y vienen de lado y lado y su movimiento es mucho más que un desplazamiento por el espacio, pues marca también los tiempos y momentos de la historia que se mueve entre el presente y el pasado.  Esta narración no lineal y la ventana en sí misma (asemejando una pantalla cinematográfica) permite en el público una extraña sensación de proximidad y distancia al mismo tiempo.
A medida que la obra avanza, como en los buenos thrillers, el texto crece y la historia se arma como un gran rompecabezas que involucra, no solo la propuesta actoral, sino también la escenografía, que se va construyendo para decir mucho más. En esta obra todo comunica y el mosaico que podemos ver al final nos presenta una cartografía del horror escrita en la piel de Colombia y de cada uno de los colombianos.
Aunque desconozco el texto teatral original, es claro que la adaptación que hace El Clan sobre la obra va mucho más allá de una interpretación textual y apunta a que cada espectador trate de mirar más allá de la mente de los psicópatas para encontrar aquellos síntomas de la psicopatía cotidiana que produce en nosotros un país enfermo.
De psicópatas y otros hombres
Direccion: Alejandro Aguilar
Producción: Ana Karina Soto
Actores: Iván Jara, Edwin Garrido, Camilo Ávila, Catherine French y Susana Buitrago.La Futilería Casa Corto

Calle 59 # 17-48 (Bogotá – Cundinamarca)

Scouts

Hola mis amigos.
Comparto con ustedes algo que rescate del baúl de los recuerdos: Un texto sobre mi experiencia como scout durante más de 17 años, que escribí para la maestría en agosto de 2002. Como sé que algunos de ustedes comparten conmigo el placer de haber sido scouts, sé que lo disfrutarán. Un abrazo.

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LOS SCOUTS MARCAN MI ESTILO DE VIDA- agosto de 2002.

Bueno, lobatos, este es Jerónimo y va a empezar hoy con nosotros en la manada, su seisenero va a ser Mauricio y va a estar en la amarilla…bienvenido.

11 de agosto de 1984, tengo 9 años y un poco extrañado estoy entre aquellos niños de traje azul y pañoleta. Me recibe un niño de gafas y ojos claros (que hoy 17 años después es mi mejor amigo), todos me miran y estoy un poco nervioso. Mi tía Elvia, que me ha llevado a la primera reunión, se despide de la jefe, me da unas últimas recomendaciones y se va. Ese sábado fue el último de mi tía, quien venía enferma desde hacía un año y nos dejó el jueves 16 de agosto. Ella murió a sus escasos 24 años, pero siempre siento que me esa fue su mejor herencia: los scouts.

Para ser justos, mi tía Leticia fue la que me hizo los contactos con varios grupos y finalmente nos decidimos por el grupo V Kenya, mi grupo. Es difícil hablar en pocas líneas de lo que ha sido el escultismo para mí, son muchos campamentos, fogatas, noches y días de aventura y amistad, tropiezos, obstáculos y tristezas, pero sobre todo, AMIGOS…así con mayúsculas. Pasaré, entonces, por algunas imágenes que emergen con fuerza a través de los años:

• Mis pies pisan nerviosamente la tierra húmeda, delante de mí una caravana de niños canta alegremente. Es mi primer campamento, Es de noche y siento miedo, quiero devolverme al campamento, pero hay un jefe que decide quedarse conmigo y darme fuerzas. Me dice que confíe, que nada malo pasará, él es grande y ya no estoy asustado, empiezo a disfrutar de la naturaleza hermosa que me rodea.
• Ruidos de la noche, que serán?, tal vez sean grillos, o gente con malas intenciones, para mí todo es lo mismo. Veo luces y siluetas inexistentes. Tengo miedo, pero ya soy grande, 13 años, tengo la responsabilidad de cuidar a mi patrulla en mi turno de vigilancia. Oigo pasos que se acercan, alumbro fuertemente con la linterna y no resisto la tentación de llamar al guía, que se despierta a mirar y regresa enfadado, diciendo: No jodás, esas son vacas, dejá dormir.
• Un bus sube lentamente por la carretera destapada, en su interior cuarenta muchachos sobre sus morrales cantan alegremente. Poco a poco aparecen a la vista los pinos de Campo Escuela (la finca scout). La euforia crece, el campamento ha empezado, todos los retos en mi cabeza, ocho muchachos a mi lado me miran con expectativa, tengo que estar a la altura de mi responsabilidad. Bajamos del bus y sólo vemos la silueta de la luna que se perfila entre los altos árboles y una hilera de muchachos cantando y ascendiendo al campo entre el frío. A las 3 a.m. deben estar montados los campamentos, nos espera una larga noche, pero cuando se es guía de patrulla y se tienen 16 años, el cansancio no existe.
• Momento crucial, nos tomamos de la mano, todo el evento en silencio, cada clan quiere ser el ganador, la jefatura hace tiempo para crear mayor expectativa y luego, finalmente, escuchamos: Y el clan ganador del V Enrover 1992 es….el Clan V Kenya La euforia se apodera de nosotros, salimos corriendo a la mitad del campo para recibir el premio entre los aplausos de todo el evento, 500 pares de ojos están clavados en nosotros y algunos corean: se lució el quinto se lució…
Ser el mejor clan de Antioquia: sólo un instante de gloria que a los 17 años nos hace tocar el cielo con las manos
• Después de recibir el premio, los muchachos de Atahualpas del grupo 2, emocionados, buscan a su jefe. Disimulado y entre la gente, espero a que todo concluya. Ellos llegan corriendo y alzando sus banderines. Como película gringa llegan a mí y me alzan en hombros, yo no puedo creerlo, pero mis muchachos sienten que este triunfo también es mío, siento que a mis 20 años he llegado a mi punto más alto como dirigente. Me equivoco, sólo ahora cuando me encuentro con alguno de ellos, ya adulto, descubro que lo realmente importante es que ahora son buenas personas y que pudimos haber hecho algo para que así fuera.
• Septiembre de 2000. Toda la reunión pasé con una sensación amarga en la garganta, para ellos fue una de tantas, para mí fue la última. Sólo espero que termine para acabar con esta agonía, pues dejar, así sea voluntariamente, 17 años de tu vida atrás no es fácil. 5 p.m. y ya estamos por terminar. Con sorpresa descubro como vienen los lobatos en fila hacia nuestra reunión de tropa. A la izquierda en correcta formación avanza el Clan y detrás de mí se ubican mis amigos dirigentes, ya no puedo más y lloro desconsolado, sé lo que pasa, quieren despedirme. Cada niño, cada muchacho, cada amigo quiere decir algunas palabras de gratitud y quiero también expresar lo que siento, pero a mi turno no puedo hacerlo, tengo un nudo muy grande en la garganta.

Los orígenes del monstruo

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Hoy vi por fin La Mujer del Animal, una película que llevo esperando más de 10 años, en serio. En 2007 trabajé con Víctor Gaviria en el guion de un largometraje que nunca vio la luz y él me comentó que, paralelamente, estaba trabajando en el guion de una película llamada “La mujer del animal”. Me sorprendió que tuviera tan clara la trama y hasta el título desde el principio y la historia llamó mi atención, pero me causó también cierto escozor por la crudeza de la historia y de las imágenes que seguramente mostraría.
Nuestra película no se hizo porque, en sus propias palabras: “hermanito no es el momento de contar esto”; pero no olvido su consigna en cada momento de la escritura: “Hay que buscar la poesía en cada plano que propongamos”.
En una época en que los realizadores, por fortuna, hacen una película cada dos años; Víctor Gaviria lleva casi dos décadas sin estrenar un nuevo largometraje. Al caos y complicaciones propias de la producción, hay que añadir, por supuesto, una mirada cuidadosa que no trabaja con afanes y que en esta película encuentra una madurez asombrosa.
Sí, es una película muy violenta, prácticamente una película de terror, pero no muestra más sangre ni más muertos que Rodrigo D o Sumas y restas. ¿Por qué nos violenta tanto entonces?, porque víctima y victimario tienen cara y las agresiones vienen de un monstruo insaciable que no está inspirado en la imaginación del autor sino en millares de monstruos de la vida cotidiana (podría ser nuestro vecino o un familiar). El monstruo en mención, de hecho, no es solo una persona sino un fenómeno que siempre nos ha acompañado como nación.
A diferencia de sus películas anteriores, La mujer del animal es particularmente cuidadosa con los planos y la iluminación. Esta estética que se insinuaba desde La vendedora de rosas y que se perdió un poco en Sumas y restas aparece fortalecida en este nuevo largometraje, con una factura técnica impecable (mucha agua ha corrido desde un Rodrigo D que costaba ver y escuchar). El diseño de producción también es sobresaliente, toda vez que la historia que se cuenta explora los orígenes de la violencia de los barrios populares de Medellín desde el ámbito doméstico. Ese Medellín de ranchos y calles sin pavimentar, el Medellín de inicios de las bandas, es un ejercicio que me hace recordar el de Martin Scorsese con sus Pandillas de Nueva York, una bofetada que nos demuestra que no es cierto eso de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Las actuaciones están, en general, muy bien logradas (sobre todo en la pareja protagonista), añadiendo además que el villano que da nombre a la película es un monstruo de actor.
Solo cinco personas estábamos en la sala viendo la película y, aunque me entristece, no me sorprende. El público colombiano no quiere verse en el espejo, prefiere reirse con “Sábados felices” y sus alertas, pirobertas y jediondos; pero no es enojándose con el público, amigo Víctor, como se logra cautivarlo. El público colombiano tendrá que mirarse al espejo algún día pero no puede ser a las malas, la tuya es una ingrata tarea pero algún día se valorará como es debido.
Víctor Gaviria es la voz más sólida del cine colombiano, puede gustar o no, pero no desconocer que ha sido el papá de la dirección de actores no profesionales (no hay más de dos directores colombianos que lo logren tan bien como él) y sus películas son auténticos documentos fílmicos con valor estético y narrativo pero, ante todo, histórico.
Para conocer y reconocernos, estas películas que hoy, lamentablemente, pasan desapercibidas, mañana serán auténticas joyas que permitirán a las futuras generaciones entender a Medellín desde una mirada de 360 grados.
Bravo por Víctor y su osadía de hacer una película no complaciente, incómoda (insoportable a ratos, según sus mismas palabras) pero que nos pone frente a un espejo que esquivamos mirar pero que necesitamos. Frente a tanto cine insulso de nuestra cartelera habitual, las películas de Víctor son imprescindibles.
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Perfil en “Especiales Zoom”

La semana pasada tuve el honor de ser el invitado del espacio “Especiales Zoom” del Canal Universitario Nacional.  Allí pude hablar de los temas que más me gustan: Educación, televisión, cine y comunicación.  Les comparto el video, espero que les guste.

El profe

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Febrero de 1997.  Después de pasar una noche con largos intervalos de vigilia, escucho por fin el despertador. Aun es muy temprano (4:30 am) y la ansiedad se siente en la oscuridad. Me pongo un pantalón, una camisa formal y una corbata que creo que me hace ver mayor a mis 21 años, pero en realidad parezco el invitado a una fiesta de 15.  Empacó mis notas de clase y las listas de estudiantes en un maletín de Yanbal, que me regaló mi mamá que por esos días vendía cosméticos.  Y así, disfrazado de señor, salgo a la calle para dirigirme a mi primer día de clase.  Viéndolo bien, no es raro que ahora me dedique a la docencia: mi abuela lo fue, al igual que sus nueve hermanos, mi mamá siempre lo ha sido y hasta mi papá no solo da clases en una universidad, sino que disfruta dando cátedra a todos los que conoce.
Después de un largo trayecto en metro, en el que repaso lo que llevo un mes preparando, entro a la sede del Tecnológico de Antioquia, en Itagüí, y veo en la cafetería a un grupo grande de estudiantes conversando mientras esperan a su profe.  Seriamente me dirijo a mi aula, prendo la luz, pongo el maletín de Yanbal sobre el escritorio y con nuevos aires de adulto espero a que los estudiantes ingresen al aula.  Uno a uno entran y saludan con mirada incrédula, pero respetuosa.  Veo que muchos de ellos tienen la edad de mis padres y algunos más jóvenes “solo” me llevan unos diez años. Superando los nervios iniciales, pienso que esto no debe ser más difícil que coordinar una reunión scout y empiezo a hablar de fotografía mientras mis nuevos alumnos toman nota.
Una semana después, un señor alto y de bigote espeso me pide que por favor le reciba un trabajo extratiempo.  Con la seriedad de mi nuevo status le digo que debe poner más atención a las fechas en el futuro.  En mi interior pienso: “Esto debería ser al revés”.
Un par de años después estaba en mi primera reunión de profesores de la Universidad de Medellín (a la que casi no me dejan entrar, pensando que era un estudiante) cuando el Vicerrector de entonces nos dijo: “El tiempo pasa rápido, hoy algunos son más jóvenes que sus estudiantes y en un abrir y cerrar de ojos tendrán la edad para ser sus padres”.  Ese momento está cerca.
Hace 20 años tuve mi primera clase en una universidad y desde ese día no ha pasado un semestre sin que me pare en un aula frente a un grupo de estudiantes para hablarles de toda clase de temas relacionados, por supuesto, con mi gran pasión: el mundo audiovisual. He hablado de dramaturgia a futuros productores audiovisuales, de expresión oral a relacionistas públicos, de televisión a publicistas, de cine a realizadores y hasta de ortografía a ingenieros agropecuarios.  Han sido muchos los estudiantes que han pasado por mis aulas y algunos de ellos se han convertido con los años en mis amigos y respetados colegas. Algunas caras conocidas y otras no tanto suelen saludarme en la calle, un centro comercial, un festival de cine o en redes sociales y no es rara la ocasión en que alguno de ellos me dice: “Profe, vi una película y pensé en lo que usted alguna vez nos dijo” o “esta semana apliqué algo que usted nos enseñó”…¿alguien me puede decir si se puede tener una mayor recompensa”.
Quien haya sido docente universitario sabe que este no es un oficio para ganar mucho dinero, pero sí para ser rico.  Hoy, 20 años después de mi primera clase, me siento rico en experiencias, anécdotas, satisfacciones y aprendizajes.  La mayor riqueza, por supuesto, ha sido conocer tantas personas en tantos lugares diferentes. Desde mis inicios en el Tecnológico de Antioquia, he dado clases en el Politécnico Jaime Isaza Cadavid, la Universidad Lasallista y, sobre todo, la Universidad de Medellín y la Universidad de La Sabana (9 años en cada una).  Pero, además de mis alumnos formales de todo un semestre, he podido impartir talleres y conferencias a estudiantes y colegas de ciudades tan distintas como Cartagena, Cúcuta, Coatzacoalcos, Guadalajara, Montevideo, Madrid, Sao Paulo, San Salvador, Quito o Sacramento, entre muchas otras. Algo he enseñado, pero sobre todo mucho he aprendido gracias a mis estudiantes y colegas docentes.
Cuando empecé en la docencia tenía colegas que me preguntaban: “¿ah, entonces no estás ejerciendo la comunicación?” y a mí me molestaba.  Hoy puedo decir que no he encontrado una manera más bella de ejercerla y que, además de prepararme también como educador, he logrado abrir puertas para ser docente de muchas personas que no conozco físicamente, por medio de mis publicaciones.
El famoso tango dice que veinte años no es nada…es verdad.  Veinte años pasan volando y traen en un suspiro muchos momentos que quedan como imágenes guardadas en mente y corazón.  Solo espero que sean más de veinte los años que aun me queden al frente de un grupo, hablando y tratando de transmitir mi pasión por lo que hago hasta que un día pueda ser digno de ser llamado “maestro”.

Mi top 25 de películas de 2016

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Como complemento del post anterior y, a solicitud de algunos amigos y lectores, comparto con ustedes mi top 25 de películas de 2016 (solo las estrenadas en Colombia), actualizada a hoy 31 de diciembre (vi algunas películas después del conteo “oficial”, por eso hay cambios en mi top 10).  Las omisiones importantes (pendientes, para más señas) son: “The Arrival”, “Todo comenzó por el fin”, “45 años” y “La ley del mercado”
Aprovecho para desear a todos que el próximo año sea muy positivo para ustedes, su familia, nuestro país Colombia y para el mundo.

1 Juventud
2 El hijo de Saul
3 Inocentes
4 Phoenix
5 Animales nocturnos
6 Sully
7 Los nadie
8 Mi gran noche
9 La habitación
10 Taxi Teherán
11 Mustang
12 La la Land
13 Trumbo
14 Brooklyn
15 Oscuro animal
16 Spotlight
17 Los últimos días en el desierto
18 Una pastelería de Tokyo
19 La profesora de Kinder
20 The big short
21 Sing
22 Amor por sorpresa
23 Magallanes
24 Después del amor
25 Zootopia

Les comparto mi video con comentarios sobre las primeras 10:

Balance cinematográfico 2016

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Desde muy temprano se veía que este 2016 sería un año difícil y así fue en todos los renglones de la vida cotidiana de Colombia y el mundo.  La cartelera cinematográfica en nuestro país fue especialmente pobre y los comentarios al respecto que alguna vez escuché en un ensayo de prensa se hicieron cada vez más recurrentes, al punto de que, a diferencia de años anteriores, mi tradicional conteo de las 10 películas más importantes del año no fue complicado por tener muchas que sacar si no por encontrar algunos títulos dignos para poner.  Precisamente publico este listado para sacar de la oscuridad a algunos títulos que lamentablemente quedaron en el anonimato ante la invasión de secuelas y superhéroes. Al final de este texto encontrarán mi tradicional video (lo hago desde 2012, pueden verlos aquí) con las mejores películas del año, en mi opinión.
En una encuesta que publiqué en mi grupo de Facebook Blog de cine y cultura Jerónimo Rivera Presenta (Unirte), los resultados de las 10 películas favoritas para mis lectores fueron:
1- Los nadie. Juan Esteban Mesa (Colombia)- 12 votos.
2- Brooklyn. John Crowley (Irlanda)- 10 votos.
La llegada. Denis Villeneuve (Canadá)- 10 votos.
4- Dr. Strange. Scott Derrickson (USA)- 9 votos.
5- Juventud. Paolo Sorrentino (Italia)- 8 votos.
El hijo de Saúl. Lazlo Nemes (Hungría)- 8 votos.
7- The big short. Adam McKay (USA)- 6 votos.
Kubo. Travis Knight (USA)- 6 votos.
9- Room. Lenny Abrahamson (Irlanda-Canadá)- 5 votos.
The danish girl. Tom Hooper (UK)- 5 votos.
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Comparto con ustedes mis impresiones de las películas más destacadas que se vieron este año por temáticas o regiones. Me gustaría conocer sus opiniones.
Las mejores colombianas: Este año la producción y exhibición de películas colombianas siguió en aumento.  Al día de hoy 37 largometrajes nacionales han sido exhibidos aunque con resultados poco alentadores en taquilla.  De las nacionales destaco, principalmente Los nadie, Oscuro Animal, Paciente, Magallanes y Anna.  Aquí pueden ver la lista de películas colombianas estrenadas desde 1915 hasta hoy. 
Las mejores europeas: En mi concepto, el cine europeo fue el mejor que vimos en nuestros cines, aunque lamentablemente hizo presencia en pocas salas y por poco tiempo. Resalto especialmente los dramas de  El hijo de Saul, Juventud, Brooklyn, Inocentes y Phoenix y las comedias No se metan con mi vaca, Mi gran noche y Amor por sorpresa
Las mejores de Hollywood: Un año realmente gris en los estrenos de la gran industria.  Se destacan, fundamentalmente, películas exaltadas por los Oscar como Trumbo, The big short y Spotlight y algunos estrenos más recientes como Sully y Miss Peregrine.  En la línea de los blockbuster estuvimos llenos de superhéroes de los que se destacaron las versiones de Deadpool y Dr. Strange.  Otros buenos títulos norteamericanos, aunque de corte más independiente fueron: Los últimos días en el desierto, Chronic y Room.
Las mejores de otros países: El cine asiático nos trajo también pequeñas joyas que se vieron en muy pocas salas. Entre las destacadas estuvieron Taxi Teherán (Irán), Theeb (Jordania), La profesora de Kinder (Israel) y Más allá de las montañas (China). 
Las mejores de animación: Entre las películas de animación se destaca las propuestas de Kubo, Zootopia Moana y las propuesta para el público adulto de Anomalisa de Kaufman y la irreverente Sausage party de Seth Rogen, aunque para mi gusto no hubo un gran título como en años anteriores.
Las que aun no he podido ver: Me da tristeza pero por distintas razones algunos buenos títulos quedaron por fuera de mi acervo personal (por el momento) y sé que son importantes omisiones para mis listados.  Algunas de las que aun no he visto y tengo como tarea son: 45 años, The arrival, Todo empezó por el fin, El olivo y Macbeth. Por fortuna en esta época entidades como el Colombo Americano de Medellín y la Cinemateca Distrital de Bogotá hacen ciclos de lo mejor del año que son fantásticos para ponerse al día. 

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Para finalizar, aquí está mi video con las 10 películas recomendadas de 2016.  ¿Cuáles son las suyas?

 

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