
Los colombianos somos, por lo general, muy amables. Esta es una característica evidente, especialmente en el altiplano, y se refleja en espacios como las oficinas, donde las relaciones entre compañeros, las comunicaciones formales e informales y las interacciones cotidianas suelen desenvolverse con cortesía. Sin embargo, la amabilidad no siempre equivale a bondad ni a vínculos afectivos genuinos. La oficina, de hecho, es un espacio fértil para las dobles intenciones y la hipocresía, un espacio en el que se dicen y se hacen las peores cosas, pero sin perder los buenos modales.
Exit, comedia escrita por el dramaturgo catalán Agustí Franch, es una radiografía mordaz de las dinámicas laborales: los rituales absurdos, las jerarquías tácitas y los pequeños y grandes juegos de poder. Desde el estatus simbólico que confiere una oficina amplia y bien decorada, hasta gestos tan aparentemente inofensivos como ofrecer un café al jefe cada mañana, todo se pone en entredicho en esta obra cargada de humor negro.
La adaptación al contexto bogotano resulta especialmente interesante. La puesta en escena dirigida por Ana María Sánchez consigue traducir esta temática universal —tan bien explorada por series como The Office o Parks and Recreation— a una sensibilidad muy local, incorporando elementos de nuestra propia idiosincrasia en una propuesta cómica difícil y exigente, pero bien lograda gracias a la solidez del elenco.
La historia transcurre en una lujosa oficina, espacio principal del montaje, mientras una trasescena cargada de juegos de luces y sombras añade capas cómicas y narrativas. La premisa es tan absurda como inquietante: una directora de relaciones humanas debe decidir, en su primer día de trabajo y sin conocer a fondo a sus subordinados, cuál de los dos debe ser despedido. En este juego de apariencias y tensiones, destaca la química entre Ramiro Meneses y Aída Morales, quienes no solo dominan la escena con soltura, sino que logran construir arcos de transformación complejos, revelando poco a poco las verdaderas motivaciones y tensiones que se ocultan tras las máscaras corporativas.

El elemento clave del montaje es el tono. No se limita a los gags del texto, sino que roza con acierto los márgenes del teatro del absurdo. Meneses, con un personaje exagerado trabajado en clave de clown, lleva la comedia a un nivel de distorsión que funciona muy bien dentro del universo de la obra. Su energía arrastra a sus compañeras a un terreno donde lo absurdo se vuelve regla. En este sentido, la puesta en escena se asemeja a un gran ejercicio del «mágico sí» stanislavskiano: cada propuesta inverosímil de un personaje es aceptada y amplificada por los demás, lo que permite que la acción escale hacia un crescendo hilarante.
El montaje, que comienza con un tono naturalista, se rompe deliberadamente cuando aparecen los mandamientos corporativos y se precipita hacia una revelación final que transforma el absurdo en una inquietante alegoría sobre el poder y la alienación laboral. Como en las buenas comedias, el elemento dramático cobra fuerza por el conflicto que atraviesan sus personajes y que, en este caso, se representa en la angustia de perder un trabajo.
En resumen, Exit es una comedia que entretiene y hace reír, pero también plantea preguntas incómodas sobre las normas del mundo corporativo, las relaciones de poder, el tráfico de influencias y la lógica de los despidos. Lo hace mediante personajes caricaturescos, pero creíbles, y una puesta en escena coherente con el tono que propone: una sátira feroz y, al mismo tiempo, profundamente humana.
¿Dónde verla?
Teatro Leonardvs, Cra. 21 #127 – 23, Bogotá.
Jueves a sábado, 6:00 y 8:30 pm.
