Ecos del miedo- reseña de “Hoy envejecí diez años” (teatro)

Escena_Hoy-envejecí-10-añosEl más hermoso teatro del país, recientemente restaurado, es testigo por estos días de la obra de uno de los colectivos teatrales más dinámicos de los últimos años. El teatro Colón de Bogotá presenta la obra “Hoy envejecí diez años”, basada en el texto “Las tres hermanas” del imprescindible dramaturgo ruso Anton Chejov.  Este montaje hace parte del homenaje que el colectivo “La maldita vanidad” hace este año a este autor que, como ellos, rinde culto a lo cotidiano y a los pequeños y grandes dramas de la vida diaria.
“Hoy envejecí diez años” toma de la obra original la tensión entre las clases sociales, pero es ambientada en la periferia de Medellín en 1989 para hablar del miedo y la frustración como grandes protagonistas.  Una familia celebra el cumpleaños de la hermana menor en medio del recuerdo por el asesinato de su padre, un general de la policía, ocurrido en esa misma fecha un año antes.  La presencia de su padre no es el único fantasma que frecuenta la casa; la violencia y el miedo se hacen presentes en el peor año de nuestra historia reciente, materializados en la promesa de Pablo Escobar y el Cartel de Medellín de dar un millón de pesos de la época por cada policía asesinado y así sembrar el terror entre la población civil.
HoyLa puesta en escena se destaca por una dinámica escenografía, que permite jugar con los planos escénicos para poner de relieve las acciones.  Una casa con cortinas y sin paredes que cambia constantemente de forma es la metáfora para hablar de la claustrofobia y la falta de privacidad.  Claustrofobia que sienten los personajes y que vivimos los colombianos en una época en la que salir a la calle encarnaba en sí mismo un riesgo; los personajes (como los de El Fantasma de la Libertad de Buñuel) están encerrados en una casa, obligados a convivir por culpa de las circunstancias y mintiéndose a sí mismos para pretender que el encierro los protege y que todo está bien.
Las pasiones que afloran en el encierro nos dejan ver romances prohibidos, resentimientos guardados, ira contenida y toda clase de sentimientos que deben ocultarse en este exilio autoimpuesto.  Desde la zona rural se puede ver a ese Medellín convulsionado que se desangra y que amenaza la tensa calma de la reunión.  Al elegir este punto de vista, la obra también toma distancia frente al conflicto y, más allá de la amargura por la partida del padre y el miedo a ser nuevamente victimizados, permite mostrar el problema desde la barrera; aunque la seguridad, como sabemos, no es más que una percepción.
La obra tiene diálogos inteligentes y naturales, hay un buen equilibrio en la interpretación de los actores y se destaca una dirección de arte cuidadosa que nos trae una impresionante escenografía y una ambientación (utilería y vestuario) que da la pauta de la atmósfera ochentera en la que la obra transcurre.
Hoy envejecí diez años es una obra necesaria para la memoria de este amnésico país, un justo homenaje a las víctimas directas e indirectas del narcotráfico, una obra que puede incomodar al abrir viejas heridas pero que también contribuye a la sanación que produce la catársis colectiva. Como en la obra, todos envejecimos más rápido viviendo en los años ochenta en Colombia. Al igual que Jorge Hugo Marín (director y dramaturgo de la obra), yo también crecí en el Medellín de aquella época y sentí como el narcoterrorismo nos arrebató la adolescencia y nos puso un sello indeleble que se apacigua por momentos pero que siempre está presente: el miedo.
hoy envejecí

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