Cinefilia: Entre el gusto y la calidad

Hoy empieza el proceso de impresión de mi libro “Cinefilia: Entre el gusto y la calidad” en el Sello Editorial de la Universidad de La Sabana y quiero compartir esta alegría con ustedes, estimados lectores, presentándoles la introducción del libro y esperando que puedan “antojarse” de leerlo.

INTRODUCCIÓN

La cinefilia es el amor al cine.  Yo pertenezco al grupo de privilegiados que trabajan en lo mismo que los enamora.  Como profesor siempre he buscado lo mismo en mis alumnos: Que aprendan algo, y se enamoren mucho, del cine.  Este libro pretende ser una modesta declaración de amor al séptimo arte, no exenta de reproches, desencuentros e insatisfacciones; como suele ocurrir con las relaciones amorosas.

Durante casi seis años he tenido en el diario El Tiempo de Bogotá (Colombia) un blog denominado “El tiempo del cine” que ya cuenta con más de 100 textos sobre temas relacionados con el séptimo arte. Algunos son de coyuntura, otros de largo aliento, algunos son ligeros y otros vienen de investigaciones que he realizado o he leído.  La intención de todos ellos es hacer un pequeño aporte al etéreo concepto de la “formación de públicos” sin intentar ponerme en el papel del gurú redentor, si no en el de un amigo contertulio que pone sobre la mesa los temas y los discute con sus compañeros. Todos sabemos que en el entorno digital lo mejor, y lo peor, que tenemos es la posibilidad de intercambiar ideas casi en tiempo real con los lectores.

Este no es un texto de crítica de películas, ni un tratado profundo sobre cine, ni el resumen de un informe de investigación; aunque seguramente tendrá elementos de todos los anteriores.  Se trata de la compilación de algunos textos escritos alrededor del concepto y la experiencia de la cinefilia con una intención pedagógica y de debate. El libro que tiene en sus manos habla de la cinefilia desde la idea de que el gusto no es sinónimo de calidad.  Es así como pretendo plantear una sana discusión sobre la diferencia entre ambos términos, frontera difícil y difusa que a veces resulta complicada incluso para los más expertos críticos de cine.

La calidad de las películas es, realmente, una condición intrínseca.  Se rige por los cánones y patrones de la gramática audiovisual, de las tendencias y el estilo de la época, de la estructura y la narrativa; pero la estética no debe desligarse de la ética, porque una gran obra audiovisual no debe estar exenta de responsabilidad social.  Sé que este punto es discutible, pero en mis convicciones personales no concibo que una pieza hermosamente hecha promueva ideas que estén en contra de la tolerancia y la convivencia social.

Entendiendo la lógica de los relatos audiovisuales, los espectadores pueden acercarse a una obra desde estos criterios para llegar a analizar (si así lo pretenden) su calidad. No pretendo con estas páginas que los lectores se conviertan en expertos o arruinar la experiencia sensorial que constituye ver una película; solo promover la idea de que cuando alguien se acerque a una obra cinematográfica no termine descalificándola por el solo hecho de que no sea de su gusto.

El gusto, por su parte, es tremendamente subjetivo y, a menudo, imperceptible. Está conformado por las experiencias, conceptos y convicciones que cada uno de nosotros tiene.  Un refrán popular dice que “para gustos, los colores” y creo que a pesar de su sencillez, ilustra muy bien lo que este concepto significa.  Si asociáramos el gusto con la calidad tendríamos (y lamentablemente ya pasa) películas complacientes con el público, creadas después de estudios de mercado y que poco aportan al lenguaje cinematográfico.

Lo delicado es que sea el gusto el que marque el derrotero de la crítica o el análisis. De allí mi rechazo a las estrellas que asignan a las películas en las publicaciones periódicas. Si al crítico del periódico le gusta la película le dará cinco estrellas y todo el público asumirá inmediatamente que la película “es buena” y que “hay que verla”. El desencanto con el crítico (y la crítica en general) será inmediato cuando el espectador asista a la película y encuentre que no le gusta.  Inmediatamente anunciará que el crítico estaba equivocado y que la película realmente “es muy mala”.

Asociar el gusto con la calidad sería como pensar que si la película no termina como el público quiere (verbigracia, finales felices) no recibirá la aceptación, o que si el público no la entiende caerá también al purgatorio de las películas fallidas.

Que no me guste la película no quiere decir que sea mala, pero que me guste tampoco quiere decir que sea buena. Al igual que la música, el cine está lleno de obras “deliciosas” que constituyen lo que en mi tierra llamarían “un pecadito”. Todos sabemos que los dulces confitados son pésimos para la salud, pero de vez en cuando disfrutamos alguno, no sin alguna dosis de culpa.  Lo mismo ocurre con algunas malas películas: que nos encantan sin que necesariamente queramos anunciarlo o reconocerlo públicamente.

Los capítulos y apartados, que pueden leerse en cualquier orden, han sido agrupados en cuatro grandes bloques: El negocio del cine, la cinefilia, el futuro y la ciencia ficción y la relación entre el cine y otras disciplinas.

El primer bloque reúne textos que abordan la industria del cine, el monopolio de Hollywood y algunas pistas de la manera en que funciona el negocio del cine tocando algunos temas importantes para nuestra época como el cine en 3D y los premios Oscar de la Academia.

En el segundo bloque el enfoque es la cinefilia.  El placer de repetir una película, lo difícil que es a veces ir a cine con públicos maleducados, la agonía del celuloide, el problema de los archivos audiovisuales  y todo aquello que nos hable de ver el cine críticamente pero sin dejar de disfrutarlo, serán parte de este bloque.

En la tercera parte nos concentraremos en el tema de la ciencia ficción y el futuro; un tema que me interesó desde el 1 de enero de 2001, día en que arribamos a una fecha mítica (2001) y no estuvimos a bordo de una nave en una odisea del espacio. A partir de allí surgió la inquietud por la relación entre el cine y la ciencia ficción alrededor de la manera en la que los relatos cinematográficos construyen imaginarios de futuro que pueden ser o no cumplidos cuando las fechas llegan.  Finalmente presento algunas listas comentadas de películas relacionadas con temas como la publicidad, la política y la educación; a manera de recomendación para que usted pueda continuar con la labor de este libro cuando haya terminado de pasar por sus páginas. El cine ha sido un reflejo de la sociedad y una buena manera de entender los temas de nuestros tiempos (y también de otros) es acercándose a buenas películas que los han relatado.

Hace algunos años un editor se negó a publicar este libro argumentando que la gente quiere ver cine, no leer sobre cine. Difiero respetuosamente y espero que usted, estimado lector, sienta que tiene entre sus manos un texto que le permitirá conocer otros puntos de vista frente al cine; pero, sobre todo, que lo disfrute y siga gozando de la magia de las películas que nos ofrecen una ventana abierta al mundo y un espejo en el que bien podemos vernos.

 

Jerónimo León Rivera Betancur

Chía-Colombia

17 de mayo de 2016

 

 

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