Los nuevos dueños

Reseña y análisis del final de Ozark, serie de Netflix

Laura Linney y Jason Bateman

Un aburrido contador descubre que su esposa es infiel y que su socio hace negocios con narcotraficantes. Ese punto de partida, en el papel, es bastante convencional: el de un hombre bueno que ve su mundo derrumbarse en poco tiempo. Sin embargo, ya el primer capítulo nos muestra el nivel de brutalidad y tensión que puede desarrollarse en una historia en la que el protagonista no tiene, aparentemente, el control de lo que pasa.
De allí en adelante, Marty Byrde, el meticuloso y organizado contador, debe mudarse con su familia de Chicago a los alrededores del lago Ozark para usar sus conocimientos lavando dinero del crimen organizado. Lo interesante es que, a medida que la trama avanza, la familia se involucra cada vez más en un negocio en que, además de los narcotraficantes, se ven involucradas familias locales, el FBI y los políticos. Es interesante que esta serie decida poner como protagonista a alguien que representa a gran cantidad de profesionales que, como los contadores y los abogados, venden su alma a los carteles de la droga y han sido claves para su desarrollo y fortalecimiento.
Marty Byrde ingresa, entonces, a una larga tradición de mafiosos emblemáticos del cine y la televisión en la que vamos desde el esmoquin de don Vito Corleone en El Padrino hasta los pantaloncillos de Walter White en Breaking Bad, pasando por las bermudas y el tabaco de Tony Soprano. Byrde, por su parte, es el mafioso bajo perfil, aquel que pocos conocen y que se mueve bien haciendo lo que sabe y conociendo su lugar en la organización. Su casa es de puertas abiertas y grandes ventanales por lo que, aparentemente, no tiene nada que ocultar. Marty Byrde es el mafioso que nunca cambia su apariencia, que no se despeina y siempre está impecable, el impasible al que nada lo mueve y cuya tranquilidad es su mejor carta de supervivencia.
Durante cuatro temporadas, la serie nos mostró las complicaciones derivadas del lavado de dinero y las presiones a las que se ve sometida la familia en su intento por enriquecerse y complacer a sus criminales socios pero la historia no se agota allí, pues a los problemas domésticos de una pareja a punto de divorciarse lidiando con la rebeldía de sus dos hijos adolescentes adaptándose a un nuevo contexto, se suman la resistencia y dinámicas de la comunidad local representadas especialmente, por dos familias casi totalmente opuestas: los Langmore y los Snell.

La familia Byrde


Alrededor del lago se presentan las subtramas de estas tres familias, que van desarrollándose de forma paralela pero están destinadas a encontrarse cuando los Byrde vayan fortaleciendo su presencia en el pueblo amenazando el poder de los Snell, una pareja de campesinos (rednecks), violentos y resentidos, que ha ostentado el poder local por años. Los Byrde también terminan enfrentando, en repetidas ocasiones, a los Langmore, una familia marginal de pequeños delincuentes que ve en los recién llegados una oportunidad para enriquecerse pero que también parece arrastrar una maldición por su nombre y mala reputación.
El desarrollo de la serie es impecable debido a sus bien calculados guiones y a un elenco de primera, encabezado por Jason Bateman (corazón del proyecto) y Laura Linney; quienes además de interpretar a la pareja protagónica ofician también como productores y directores de algunos capítulos. Bateman iba a ser inicialmente el director de la primera temporada pero a buena hora decidió protagonizar el que, quizás, sea el papel de su carrera y Linney fue clave para el crecimiento de su personaje Wendy Byrde al exigir un desarrollo dramático especial para su personaje como requisito para aceptar interpretarlo.
Sin embargo, quien atrae toda la atención por su complejo personaje y su fantástica actuación es la actriz neoyorquina Julia Garner que interpreta a Ruth, una tosca chica sureña que debe lidiar con el desastre de su familia y los negocios de la familia Byrde y que, hacia el final de la serie, termina articulando los destinos de las tres familias. Ruth es víctima y victimaria, dulce con sus primos e implacable con los demás, mal hablada y agresiva, con un pasado terrible y un futuro incierto. Su destino se une inexorablemente a la pareja protagónica y, sin duda, es el alma de la historia por sus contradicciones y luchas.
El diseño de producción y la dirección de fotografía son también fundamentales para esta serie. El vestuario, el maquillaje, la ambientación de sus viviendas y la forma como lucen son muy importantes para marcar las interacciones y personalidad de cada uno de los personajes. La fotografía también cumple un papel esencial y está marcada por dos características importantes: una paleta de colores fríos (es una serie oscura y muy azul) que subraya el carácter práctico y poco sentimental de los protagonistas y una cámara inquieta y, en ocasiones, indiscreta, que nos permite ver sin ser mirados pero sintiendo que estamos a punto de ser descubiertos.
A partir de este punto, pongo alerta de Spoiler porque revelaré detalles sobre la última temporada y el final.

Julia Garner como Ruth Langmore

El destino final de Ruth, criticado y odiado por muchos, es perfectamente coherente con el desarrollo del personaje. Ruth ha padecido toda su vida la desconfianza y el rencor de muchos por su apellido y sabe que está condenada a no tener segundas oportunidades. El amor que nunca tuvo en su familia (sus padres y su tío) lo encontró en Ben, asesinado por Wendy Byrde, que se convierte en su némesis en la última temporada. De esta forma, Ruth termina siendo más protagonista que los protagonistas pues su personaje es el que más evolución tiene hacia el final de la serie: hereda una fortuna y la posición social de Darlene, logra equiparar el poder de los Byrde, construye la casa de sus sueños y borra sus antecedentes penales. Sin embargo, es su decisión emocional de asesinar a Javi Navarro el que marca su destino para cumplir lo que siempre se anunció: Los Langmore están malditos.
Los Navarro, la cuarta familia, que aparece en las últimas temporadas, son el reflejo de la familia completamente contaminada por la mafia que los Byrde no quieren llegar a ser. Esto implica, por supuesto, traicionarse y matarse entre ellos, vivir en la zozobra y hacer tratos con la justicia para tratar de proteger a los niños de una muerte segura. La entrada de los Byrde a su círculo marca un antes y un después en la familia porque a partir de allí pierden su bajo perfil ingresando al centro de poder del cartel. Es interesante, de todas formas, que el reemplazo del capo que Marty hace cuando este está en la cárcel, se representa como una extensión de su trabajo (pedir cuentas) pero con sangrientas consecuencias que, por primera vez, dejan asomar un dejo de emoción en el impasible contador.
Los Byrde, por su parte, son una especie de cáncer que va arrasando con la pequeña población desde el principio. A su fachada amable y aspecto impecable empieza a sobreponerse el poder derivado del dinero que los lleva a comprar una gran cantidad de establecimientos y, con esto, a arruinar la vida de quienes se cruzan por su camino (incluyendo a sus propios hijos y a Ben, el hermano de Wendy). Desde la dueña del bar del pueblo, pasando por el pastor y los policías, todos son víctimas del entramado que la ambiciosa pareja va representando mientras transita entre ser aterradas víctimas de las circunstancias hasta reconocer que tienen el control de lo que pasa y que el miedo es para los demás. Así como la profesión de contador es fundamental para la caracterización de Marty, la trayectoria de Wendy en la política es clave para el desarrollo de los acontecimientos a medida que crece su poder e influencia, develando con esto que muchos están dispuestos también a rendirse ante sus pies para satisfacer su ambición.
El desenlace de la familia protagónica ha generado también insatisfacción en un amplio sector del público que, alineado con una posición moral de castigo (como la que se espera para todos los villanos) se sintió decepcionado al dejar a los Byrde en una posición privilegiada y con el camino despejado para seguir delinquiendo. Duele mucho más después de ver desaparecer a lo largo de las temporadas a personajes carismáticos como el pastor del pueblo, el joven Wyatt Langmore, el viejo vecino Buddy y, sobre todo, Ruth. Este desenlace, sin embargo, tiene una gran lógica pues la familia tiene la extraña habilidad del gato: siempre cae parada. A lo largo de la historia sobrevivieron a la guerra entre carteles, a la peligrosa Helen, la investigación del FBI, el acoso del implacable detective, la violencia de Darlene y las intrigas del cartel. Al inicio de la temporada anticiparon su final cuando, después de un brutal accidente de tránsito la familia sale ilesa. Así son los Byrde en la serie y su superpoder es escapar de las nefastas consecuencias. El desenlace, además, nos muestra que todos, incluyendo los hijos, están ahora en el mismo barco y dispuestos a hacer lo que sea para protegerse como familia.
Finalmente, es importante resaltar un detalle que no es menor. Ante una larga tradición de mujeres con un rol superficial en el cine y la televisión de este género, Ozark opone una historia en donde las mujeres son las principales protagonistas. En las últimas temporadas las confrontaciones centrales pasan por personajes femeninos: la cruel e implacable abogada Helen, la obstinada y psicópata Darlene, la insensible Wendy, la decidida Ruth, Camila (la nueva jefe del cartel) y otro puñado de mujeres que son claves para el desarrollo de la historia como la detective del FBI y Rachel, la dueña del bar. A diferencia de las narrativas tradicionales, estas mujeres deciden el rumbo de la historia y están en todas las líneas principales de la trama.
En suma, Ozark es una serie brillantemente escrita, hábilmente dirigida y estratégicamente fotografiada en la que la tensión siempre está al límite y el destino de los personajes siempre es incierto. Da gusto ver una serie en donde las subtramas estén tan bien enlazadas y en donde se pueda representar un lugar tan tranquilo que, al mismo tiempo, genere tanta tensión.

El único momento en el que los protagonistas se manchan de sangre


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